El Gobierno nacional enfrenta este viernes un vencimiento clave: debe transferir $2,5 billones a las 56 universidades nacionales, en cumplimiento de un fallo de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal que ordenó aplicar la Ley de Fortalecimiento Universitario.
El monto está destinado a compensar la pérdida de poder adquisitivo registrada en salarios docentes, no docentes y gastos operativos, en medio de un contexto económico marcado por la inflación y la caída de ingresos públicos.
La respuesta del Ejecutivo
Frente a esta obligación judicial, la administración nacional analiza recurrir a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La estrategia, según trascendió, buscaría más ganar tiempo que revertir la resolución de fondo.
Dentro del oficialismo reconocen la complejidad del escenario, tanto por el impacto fiscal como por el costo político que podría implicar no cumplir con lo dispuesto por la Justicia.
Preocupación en las universidades
Mientras tanto, en el sistema universitario crece la expectativa por la llegada de los fondos y también la tensión ante una posible demora. Sectores académicos y gremiales ya comenzaron a evaluar nuevas medidas de fuerza.
Entre las opciones aparece la convocatoria a una nueva marcha federal universitaria, similar a la realizada en 2024, además de otras modalidades de protesta que permitan sostener el reclamo sin paralizar totalmente las actividades.
Un conflicto en plena crisis económica
La disputa se desarrolla en un escenario económico adverso, con inflación persistente y menores niveles de recaudación, lo que reduce el margen de acción del Ejecutivo.
Además, el fallo judicial agrega presión sobre el frente político y legislativo, donde también se evidencian diferencias internas sobre cómo se manejó el conflicto con las universidades públicas.
Las alternativas en estudio
Como salida, el Gobierno analiza impulsar una nueva iniciativa legislativa que permita reducir el costo fiscal del financiamiento universitario. Sin embargo, desde el ámbito académico rechazan que la discusión se postergue por razones políticas y advierten que mantendrán la presión durante todo el año.
El conflicto queda así abierto entre la vía judicial, una eventual negociación en el Congreso y la posibilidad de nuevas movilizaciones en defensa de la universidad pública.
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