miércoles 4 febrero de 2026

Hallazgo científico: el ARN de un mamut reaviva el debate sobre la desextinción

El material genético fue extraído de Yuka, una cría hallada en el permafrost de Siberia. El hallazgo permite saber qué genes estaban activos al momento de su muerte y abre una nueva etapa en el estudio de especies extintas.

En Siberia, cada deshielo deja al descubierto fragmentos de un mundo que desapareció hace miles de años. Entre colmillos, huesos y restos congelados, algunos descubrimientos terminan en manos de equipos científicos capaces de abrir una ventana al pasado. Esta vez, un grupo internacional de investigadores logró recuperar el ARN más antiguo conocido, extraído del cuerpo de Yuka, una cría de mamut que murió acosada por leones de las cavernas hace unos 40.000 años.

Yuka, hallado en 2011 en la región rusa de Yukagir, estaba excepcionalmente conservado: su piel y su pelaje rojizo parecían casi intactos. Hasta ahora se creía que el ARN —una molécula extremadamente frágil— no podía sobrevivir tantos milenios. Sin embargo, los especialistas consiguieron aislarlo del tejido muscular del animal, identificando qué genes estaban activos al momento de su muerte.

“El ARN nos permite conocer mucho mejor cómo era su biología cuando estaban vivos”, explicó el paleogenetista Emilio Mármol, primer autor del estudio.

Un vistazo a la biología de un animal extinto

El equipo analizó muestras de diez mamuts y logró recuperar ARN de tres de ellos, siendo Yuka el espécimen mejor preservado. El estudio reveló señales típicas del tejido muscular, pero también rastros vinculados al estrés, coincidiendo con la hipótesis de que el ejemplar fue perseguido por depredadores poco antes de morir.

Además, el análisis permitió corregir un dato que se creía cierto: el mamut no era hembra, sino un macho joven, algo que no había sido evidente a partir del ADN.

Un avance que redefine la paleogenética

El trabajo fue publicado en la revista Cell y marca un hito para la paleogenética. Hasta ahora, el ARN más antiguo recuperado pertenecía a un cánido de 14.000 años.

El genetista sueco Love Dalén, otro de los autores del estudio, sostuvo que los resultados demuestran que estas moléculas “pueden sobrevivir mucho más tiempo del que se creía”, lo que abre la posibilidad de analizar qué genes estaban activos en animales extintos e incluso secuenciar virus antiguos preservados en restos de la Edad de Hielo.

El hallazgo despertó el interés de Colossal, la empresa estadounidense que impulsa la idea de “desextinguir” al mamut utilizando al elefante asiático como base genética. Aunque Mármol reconoció que la compañía consultó sobre las técnicas empleadas, fue prudente al respecto:
“No creo que se puedan reintroducir poblaciones de estos animales y que sean sostenibles. Además, no creo que sea posible desextinguir ninguna especie, solo traer de vuelta ciertos caracteres”.

Como ejemplo más realista mencionó al tigre de Tasmania, cuyo entorno natural aún existe.

Una nueva herramienta para comparar mamuts y elefantes

Desde Francia, el especialista en ADN antiguo Nicolás Rascován celebró el avance y destacó que el ARN, especialmente el mensajero, ofrece una lectura más precisa: no solo permite conocer la información genética, sino también cómo se expresa. Eso abrirá la puerta para comparar procesos biológicos entre mamuts y elefantes actuales.

De todos modos, los investigadores advierten una limitación: los resultados provienen solo de tejido muscular, y cada órgano tiene su propio patrón de ARN, por lo que será necesario acceder a nuevas muestras para completar el mapa biológico del mamut.

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