Mientras en distintas ciudades del mundo venezolanos exiliados expresan alivio y celebraciones, en Caracas el clima es muy distinto. A pocas cuadras del Palacio de Miraflores, una mujer de 69 años relató en primera persona cómo se viven las horas posteriores al operativo de Estados Unidos que derivó en la captura de Nicolás Maduro y en la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta interina, en un contexto marcado por el encierro, el miedo y una fuerte tensión social.
H.J., vecina del centro de la capital venezolana, describió a El Sol una ciudad paralizada desde el sábado. “Estamos prácticamente encerrados. Salimos solo para comprar lo indispensable y cada vez con más miedo. Los negocios ya se están desabasteciendo”, aseguró. Por razones de seguridad, el medio resolvió preservar su identidad completa.
La cercanía con la sede del gobierno profundizó la sensación de peligro. Según su testimonio, en las últimas horas se registraron movimientos inusuales de efectivos, ruidos y situaciones confusas que alteraron la calma del barrio. “Se escucharon detonaciones y hubo corridas. Nadie sabe bien qué está pasando y eso genera todavía más miedo”, relató.
A ese escenario se suma la falta de información confiable. “Hay mucha censura. No se sabe qué es verdad y qué no. La gente tiene miedo de hablar”, explicó. Según contó, los medios locales no informan sobre la crisis política y el acceso a noticias depende casi exclusivamente de redes sociales y medios internacionales. “La televisión no dice nada. Es como vivir en una fantasía. Lo poco que sabemos es por X, YouTube o Instagram, usando VPN”, afirmó.
De acuerdo con H.J., tras la asunción de Delcy Rodríguez no se registraron protestas en las calles. “No salió nadie a manifestarse. No es que tengamos menos miedo, al contrario. Hay una prohibición de hablar de política y rige un toque de queda con normas muy estrictas”, sostuvo. En ese contexto, muchas familias optaron por el encierro voluntario para evitar represalias.
“A los jóvenes directamente no los dejamos salir. Son blanco fácil para que los secuestren o los utilicen”, explicó, describiendo un clima de control que atraviesa la vida cotidiana de la capital venezolana.
Pese al temor y la incertidumbre, la mujer aseguró que existe una sensación de expectativa y esperanza en parte de la población. “Sabemos que no va a ser fácil y que vienen momentos duros, pero sentimos que ya se dio un primer paso”, expresó. En su visión, la captura de Maduro y la intervención estadounidense abren una posibilidad de cambio tras años de crisis.
“La situación a la que llegamos es el resultado de décadas de deterioro. El petróleo nunca fue para el pueblo. Se usó para todo menos para los venezolanos”, afirmó. Aun así, sostuvo que muchos creen que el escenario actual puede significar una oportunidad para salir adelante.
Antes de cerrar su testimonio, H.J. dejó un mensaje dirigido a la región: “Somos todos latinoamericanos. Hoy es Venezuela, mañana puede ser cualquier otro país. Ojalá se miren en nuestro espejo y piensen bien a la hora de elegir”.
Pese al encierro, la censura y el miedo, la mujer aseguró que la esperanza sigue viva. “Somos un pueblo luchador. Hemos aguantado mucho y vamos a seguir aguantando, con la ilusión de que lo que venga sea para mejorar”, concluyó.
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