El consumo de carne vacuna en Argentina alcanzó su nivel más bajo en más de dos décadas, en un contexto marcado por la crisis económica, la suba de precios y cambios en los hábitos de consumo.
Según el último informe de la CICCRA, el consumo aparente per cápita se ubicó en 47,3 kilos anuales, lo que representa una caída del 2,5% interanual y el registro más bajo de los últimos 21 años.
Menor actividad y producción
La baja en el consumo se da en paralelo a una caída en la actividad frigorífica. Durante febrero, la faena alcanzó las 924,3 mil cabezas, con una disminución del 10,7% en comparación con el mismo mes del año anterior.
En el primer bimestre de 2026, la producción totalizó 457 mil toneladas res con hueso, lo que implica una contracción del 9,1% interanual.
Fuerte caída en el mercado interno
El deterioro del consumo interno es aún más marcado: en los primeros dos meses del año, el volumen total cayó un 13,8% interanual, evidenciando el impacto de la pérdida del poder adquisitivo y el encarecimiento de los alimentos.
Además, el consumo promedio anual se redujo en 1,2 kilos por habitante respecto al año anterior.
Precios en alza
De acuerdo con datos del INDEC, en febrero los precios de la carne vacuna subieron 7,4% mensual, muy por encima de la inflación general (2,9%).
Entre los principales cortes, se destacaron aumentos en la paleta (8,1%), el cuadril y la nalga (8%), mientras que el asado subió 5,7%.
Exportaciones en crecimiento
En contraste con el mercado interno, las exportaciones continúan en alza. En el primer bimestre, los envíos al exterior alcanzaron unas 124 mil toneladas, con un incremento del 6,6% interanual.
Las mayores ventas a países como Estados Unidos, Israel, Alemania y Países Bajos compensaron la caída en las exportaciones hacia China. Además, el precio promedio por tonelada se ubicó en 7.362 dólares, un 30% más que un año atrás.
Un mercado dividido
El panorama refleja una fuerte dualidad: mientras el sector exportador muestra dinamismo y mejores precios, el consumo interno sigue en retroceso, afectado por la situación económica y la creciente competencia de otras carnes más accesibles, como el pollo.
Así, uno de los alimentos más tradicionales de la mesa argentina atraviesa un cambio profundo en su consumo.
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